LA FALACIA DE LAS «PUERTAS ABIERTAS» EN LAS FRONTERAS

Partidos políticos y medios de comunicación repiten que Europa lleva a cabo una política de «puertas abiertas» en las fronteras. Pese a las cifras, se permiten decir que estas personas tienen la entrada libre.

LA FALACIA DE LAS PUERTAS ABIERTAS

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Hay cosas que no cambian ni con una pandemia, sino que por el contrario, se han recrudecido, como son los discursos racistas y xenófobos contra la inmigración que se repiten cada verano en España. Este año se ha añadido un estigma acorde a tiempos de pandemia, el inmigrante es el responsable y culpable del virus, de su esparcimiento tras la cuarentena, y por lo tanto, de todas aquellas consecuencias en la vida de la gente, siendo el caso extremo la muerte.

De esta forma, partidos políticos y medios de comunicación están utilizando este contexto para reforzar sus discursos contra las personas inmigrantes asegurando que hay oleadas de inmigrantes llegando a nuestras costas por las «puertas abiertas» en las fronteras. Nos encontramos nuevamente con el relato de la invasión de inmigrantes como amenaza cultural y civilizatoria del supremacismo blanco europeo.

Partidos políticos, medios de comunicación y organizaciones, repiten que Europa lleva a cabo una política de «puertas abiertas» en la frontera sur lo que invita a cada vez más personas entrar en los países del norte, donde por un lado elevarán las tasas de delincuencia y por otro las tasas de desempleo nacionales, porque “vienen a robar y a quitarnos nuestros trabajos” mientras ponen en riesgo nuestras esencias y valores.

El verano pasado repetían lo mismo, igual que el anterior, realmente lo repiten a lo largo de cada año de forma constante. Pero esto no es cierto, y aunque ya parezca que no importan los datos, vamos a indicarlos. Desde la Comisión Europea se señaló que para octubre del año pasado se había dado una reducción del 47% en la llegada de inmigrantes a España. Y este año, debido en parte por la propia pandemia, se ha reducido aún más si cabe, ya que nos encontramos con un 38,3% menos que el año anterior en el mismo periodo.

Aun así, el mantra sigue constante: oleadas, invasión, descontrol, avalanchas. La OIM publicaba recientemente que desde el 2014 al menos 20 mil personas habrían muerto en el mar intentando llegar a Europa. Y eso “con las puertas abiertas” en las fronteras. Resulta, además, que precisamente la ruta que llega a las Islas Canarias se ha revelado como la más mortífera en proporción de todas.

Pese a estas cifras, que conocen pero que no les importan, se permiten decir que estas personas tienen la entrada libre. Que en Europa y en España concretamente entran poco más que con aplausos.

DETRÁS DEL DISCURSO DE «PUERTAS ABIERTAS» EN LAS FRONTERAS A INMIGRANTES

Existe todo un conglomerado económico e institucional, que defiende este modelo para enriquecerse a la vez que refuerza el relato que permite justificarlo. Simplemente en España, toda esa industria, movió más de 660 millones entre 2014 y 2019.

El asentamiento de un modelo de frontera que fuerza y empuja a las personas a entrar de esa manera ya les sitúa en un plano de categorías de violentos, desesperados, ilegales. Se convierte en un elemento esencial de lo performático visual. La necesidad del impacto de la imagen. Las imágenes de personas saltándose una valla son necesarias por todas las cargas simbólicas que suponen para quienes las ven.

A su vez es esencial el lenguaje que se utiliza en todo lo que envuelve los procesos migratorios sur-norte. Un ejemplo de ello es el de las mafias, con el que se reduce todas las formas de economía política que tienen lugar en los procesos migratorios a una suerte de mafias que permiten rellenar titulares de prensa constantemente.

Así, por un lado, se señala a las personas migrantes como victimas de mafias (reforzando el discurso paternalista) y por otro lado se les vincula directamente con estructuras mafiosas organizadas (reforzando el discurso que les criminaliza). Tienen que venir de tal forma que se les pueda demonizar. Que se les pueda criminalizar.

Se podría facilitar la llegada de estas personas, habilitar rutas seguras, cambiar el modelo de frontera, cambiar y/o derogar la ley de extranjería. Pero ello eliminaría —en una parte— la figura política subalternizada explotable. Eliminaría esa mano de obra barata, así como el chivo expiatorio de los males de España.

Esta no es una estrategia nueva. Si el problema viene de fuera se vuelve innecesario revisar lo de dentro. No simplemente hemos aceptado y asumido un modelo de frontera de «puertas abiertas» que supone todas estas muertes, sino que todavía, parecen pocas.

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